La cultura militar de Occidente está saturada de canciones pornográficas que se cantan en las juergas de los permisos y antes y después de las misiones.

Marilyn French apunta cómo muchas de estas canciones, llamadas «de guerra», equiparan explícitamente la
mutilación de las mujeres con las proezas masculinas. El libro de canciones recreacionales del 77º Escuadrón Táctico de las Fuerzas Aéreas Estadounidenses (con base en las afueras de Oxford) contiene muchas canciones de violencia sexual de tipo sádico, sobre todo con
mujeres muertas.
En la «Balada de Lupe» cantan:
Oh, Lupe, oh, Lupe, bien muerta en su tumba.
Aunque le salgan gusanos del vientre putrefacto,
la sonrisa de su cara nos pide a gritos que le demos más y más! Lupe, calentorra, chupapollas, mi prostituta mejicana.

El equipamiento militar está a menudo «decorado» con imaginería pornográfica. Se emplea, además, un lenguaje sexualizado para describir las bombas, las pistolas, los aviones, los barcos. Esto se puede ilustrar con la letra de otra canción militar estadounidense:
Aquí está mi rifle,
aquí está mi pistola.
Uno es para matar,
la otra para disfrutar.

Aunque la cosificación sexual de las mujeres en las canciones adopta sus formas más extremas en el ejército, se da también en otros contextos, y más obviamente en deportes masculinos como el rugby y el fútbol americano. Es irónico (y habría que reflexionar al respecto) que el estado británico mantenga que no existe conexión alguna entre la pornografía y la violencia de los hombres y que, al mismo tiempo, se asegure de que a los soldados
enviados a luchar al extranjero no les falten revistas así, llenas de violencia. A los soldados británicos que participaron en la guerra de las Malvinas y a los escuadrones de las fuerzas armadas estadounidenses que partieron en misiones de bombardeo en la guerra del Golfo se les enseñó pornografía violenta, con mujeres violadas y torturadas.

Maggie Helwig.
Maggie Helwig, en un artículo publicado en Peace News sobre la conferencia internacional de Mujeres Más Allá de la Violencia, celebrada en 1992 en Bangkok, refleja
bien nuestras preocupaciones en el título elegido: «Nosotras sabemos qué es la guerra»:
Las mujeres nos encontramos en una posición única entre los grupos oprimidos en relación a la violencia y el poder: nuestros principales opresores se encuentran, casi siempre, en la propia familia o en las relaciones íntimas. El terror, para las mujeres, es algo callado, penetrante, constante; el terror se da en casa. Sabemos qué es la guerra porque la guerra es parte de la experiencia cotidiana de una mujer. Seas hija, hermana, esposa, sabemos qué es eso de «amar a vuestro enemigo» de una manera particularmente directa y dolorosa.
Maggie Helwig, al buscar las conexiones entre la violencia contra las mujeres en la «guerra» y en la «paz», señala que sin algún tipo de seguridad personal es mucho más difícil que las mujeres participen en movimientos sociales que luchan por derechos económicos y
políticos.
Existe una larga tradición feminista que cuestiona la idea de que los hogares donde se impone la tiranía de un hombre sean parte de las zonas de paz y también las definiciones predominantes de lo que es el antimilitarismo.

Cynthia Enloe.
Cynthia Enloe propone definir la paz como «la consecución, por parte de las mujeres, del control de sus propias vidas» y declara que esta
paz es frágil y experimental, por lo que es necesario averiguar cómo fortalecerla y mantenerla.
Para ello, un elemento clave es la resistencia: resistirse a aceptar los binomios patriarcales de esposa / puta, aliada / enemiga, digna de alabanza / indigna. Una determinación así es la que facilita la construcción de redes feministas en todo el mundo y la que ha hecho que nos consideren «mujeres peligrosas».
http://www.mujerpalabra.net/pensamiento/descargas/guerra_contra_mujeres.pdf --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------